El filo de una aguja

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Había dos en la mesa.

Uno se había ofrecido a jugar.

El otro tan solo reía sus gracias.

No fue buena idea aceptar.

Pero ¿quién se resiste a un reto?

El triángulo se rompió.

Mi pulso falló.

El taco resbaló, dejando una mancha azul en el tapete.

La blanca desapareció por el lateral, provocando la risa de aquella señorita de traje corto que se paseaba entre las mesas.

Uno miró al otro.

Pusieron una moneda más en la esquina.

La acepté sin pensarlo.

Estrenó las lisas y cayeron tres más.

La cuarta no quiso entrar.

No quería seguir jugando.

No era divertido perder.

Y eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.

Respiré con la tiza en la mano.

Rascando la puntera.

Conjurando un cambio.

La respuesta se escuchó con el filo de una aguja.

You watch their faces
You see the traces of the things they want to be…

No me lo esperaba.

But only we can see
They come for killing…

En un pub de moda.

En plena hora punta.

They leave and still it seems
The cloud that’s left behind…

Mi piel se erizó sin poder evitarlo.

Can penetrate your mind…

Golpeé.

Entró la primera.

But we’ll sail on, sing our song, carry on…

La segunda no costó nada.

‘Cause we rock, we rock, we rock, we rock…

La tercera cayó de un roce certero.

We rock, we rock, we rock, we rock, we rock…

Las demás decidieron obedecer.

La chica rozó el taco con sus caderas.

Le dediqué una mirada.

Ella respondió con una sonrisa seductora.

La tiza puso el resto.

Y yo… otra moneda.

Ya solo quedaban la blanca, la negra y un coro de miradas esperando la respuesta de mi contrincante.

Decidió no continuar.

Se fueron antes de ver el último golpe de mi taco.

Con las dos mil quinientas pesetas invité a una copa a la chica de la sonrisa mágica.

A ver si seguía la racha.

El último minuto se volvió eterno

Dio – We Rock


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