El ruido me despertó. El cielo era azul. Los coches estaban quietos.
¡Serevrooooo!
Un café. Una mirada. Y un día entero por delante.
Ella también lo miró. Pero él no quiso verlo.
Una mariposa, una ventana y un mundo demasiado grande.
Un tatuaje puede contar una historia. Este prefiere hacer una pregunta.
A pesar de las molestias, el amor también tiene su propio idioma.
Mientras todo gira, un recuerdo consigue detenerse en el instante preciso.
Doña Asunción tiene una pequeña afición: hablar sola. O eso cree su vecina Encarna.
—¿Falta mucho? —Sí. —¿Cuánto? —Menos si sigues caminando.