
El ruido me abrió los ojos.
El resplandor azul me hizo reaccionar.
No me vestí.
Salté por la ventana.
Y corrí.
Los coches no se movían.
La gente sí.
Los esquivé.
Salté sobre los autos.
Sobre los techos de las casetas.
Entre los yates de lujo que había en el puerto.
Por fin la encontré.
Una vieja Zodiac.
Rezaba para que arrancara.
Tiré con fuerza.
Salí del puerto disparado.
Ahí estaba.
El monstruo marino.
Una vieja ola desbocada que se precipitaba hacia la costa.
Rabia contenida de espuma y sal.
Venganza de Neptuno.
Aceleré.
Apreté los dientes.
Sentí cómo el mar se elevaba en un segundo.
Giré.
Como pude.
Me dejé llevar.
Me arrastraba.
Con furia.
Me puse de pie.
Giré otra vez.
Buscaba la cresta.
Esperaba el túnel.
Tenía que sobrevivir a eso.
Noté la espuma.
La violencia azul.
El agua se alzaba sobre mí.
Me arrastraba sin piedad hacia los edificios.
.
.
.
Respiré profundo.
El mundo se fundió a negro.
—Quítate el casco ya, hombre. Yo también quiero probarlo.
—Es… intenso.
—Eso es lo que queríamos.
Desconecté los cables.
Restablecí el sistema.
Y le pasé la maldita consola a mi compañero de trabajo.
—Oye, Juan.
—¿Qué pasa?
—¿Estás seguro de que esto va a funcionar?
—¿Por qué no?
—Al final siempre mueres.
—Como en la vida misma.

GAME OVER
Beastie Boys – Sabotage

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