
El susurro volvió a mí.
Como un secreto.
La noche pesaba en mi cuerpo con más grados que sueño y se presentó en forma de murmullo, destrozando mi descanso.
Era un pensamiento furtivo. La voz de mis recuerdos. Solo que no me pertenecía.
Ni la voz.
Ni el recuerdo.
Parecía penetrar en mi mente como una gota de agua. Formando ondas. Desparramándose entre mis sensaciones como si fuera un eco.
Era una voz femenina que preguntaba:
—¿Hay alguien ahí?
Yo quise ignorarla.
Me quedaba en silencio.
Sin voz.
Sin reflexión, idea o razonamiento.
Pero seguía en mí.
Sonando.
El reloj dio las tres.
En ese momento me desesperé.
Y la pregunta la hice yo.
—¿Qué quieres?
Silencio.
—¿Por qué hablas dentro de mí?
—No sé. Solo sé que lo hago.
—¿Qué quieres de mí?
—No sé quién eres.
—Ni yo quién eres tú.
—¿Tienes nombre?
—Sí. Me llamo Samuel.
—Ah. Yo soy Priscila.
—Vale, Priscila. Necesito entender por qué estás en mi cabeza.
—Yo… no lo sé. Solo sé que te veo.
—¿Me ves?
—No. No de esa forma. Es como si supiera la forma de llegar a tu mente.
—¿Y por qué entras?
—No sé. Me sale solo. Como si entendiera que es eso lo que debo hacer.
—Yo simplemente te escucho. Me dabas miedo.
—Perdón. No quería hacerte mal. Pensaba que eras tú quien me estaba llamando.
—No. Pero ya estás aquí. Quiero saber de ti.
—¿Qué te cuento?
—No sé. Quiero entender que no eres una amenaza para mí. Que no seas una hechicera o que estés experimentando algo malo conmigo.
—No. Yo… quizás solo busco respuestas.
—Vale. Vamos a compartir algo. ¿Qué hora es?
—Casi las cuatro de la mañana.
—Bien. Eso significa que no estamos muy lejos. ¿Estás en tu casa?
—Sí. Vivo en un pueblo pequeño. Aquí no hay nada a esta hora.
—Yo también. Por la zona de Oviedo.
—Sí, igual que yo.
—¿Igual nos conocemos? ¿Quizás nuestro vínculo es físico?
—Seré más clara. Vivo en Bueño.
—Yo también.
—Aquí nos conocemos todos. ¿Quién eres? No conozco a nadie con tu nombre.
—Ni yo con el tuyo. ¿Conoces a Oliver?
—Sí. El hijo del cartero.
—No. Su padre murió en el mar. Era pescador.
—¿Qué dices? Y tú, ¿conoces a Marta?
—¿La del colmado?
—La del colmado se llama Isabel. ¿Existen dos Bueño en Asturias?
—Espera. Vamos a probar otra cosa. ¿Qué ves desde tu ventana?
—Veo la silueta de los hórreos. Se deja vislumbrar la ermita. Y la luna. Hay una luna llena preciosa.
—¿Desde donde tú vives solo ves una?
—Sí. ¿Cuántas vas a ver?
—Desde mi casa se ven las dos.

—¿Hay alguien ahí?
Blackmore’s Night — The Circle

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