Después de setecientos años, la pregunta seguía siendo la misma.
Algunos secretos sobreviven porque nadie recuerda cómo abrirlos
Dos latidos. Un ritmo
Un mensaje a las 12:12. Una semana de silencio. Una conversación imposible.
La magia también pone límites
Todo estaba programado. Excepto lo que faltaba.
Ya no hay peligro en la carretera. Pero tampoco esa sensación de estar vivo.
La magia no desapareció. Dejamos de buscarla.
A veces alguien llama. Y no está al otro lado de la puerta.