
—Buenos días.
Son las 7:00 de la mañana, jueves.
La temperatura actual es de 18 grados, con previsión de cielos despejados durante el día.
Tienes una reunión marcada a las 8:25.
En las noticias, continúan los avances en automatización del transporte y nuevas medidas sobre regulación tecnológica. Los mercados abren con ligeras subidas.
Te recuerdo que ayer dormiste 6 horas y 12 minutos. Se recomienda descanso adicional.
El tráfico previsto en el recorrido programado es moderado.
¿Quieres que inicie tu rutina de mañana?
Tic tac.
Tic tac.
Estaba sentado en la cama.
No sabía desde cuándo estaba despierto. No tenía sueño. Solo la sensación de que le faltaba algo.
¿Qué era?
Deslizó el dedo por la encimera, buscando el frío contacto. No sintió nada.
Se detuvo frente a la nevera. Tampoco era hambre. Pasó de largo.
Se detuvo ante el espejo de la entrada.
Contempló su reflejo. Alto, pálido, sin expresión.
Llevaba aquel traje negro que le sentaba tan mal. No recordaba habérselo puesto.
Salió de casa. No quiso entrar en el garaje.
Caminó recto, sin rumbo aparente, siguiendo la línea continua de la carretera.
Todavía no había descubierto qué le faltaba.
Sin saber cómo, llegó.
Unos pocos esperaban fuera. Conocidos de hace tiempo. Familia. Amigos.
Parecían esperarlo.
Pero pasó desapercibido.
Siguió recto, hacia el interior del edificio.
En el centro, estaba expuesto.
Una urna de cristal.
Y dentro, un cuerpo.
Lo observó en silencio.
Ahí estaba lo que estaba buscando.
Fuera, todos lloraban.

la rutina continuó
aunque él ya no estaba
Lacrimosa – Verloren

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