
Entre risas y empujones entraron.
Las puertas se cerraron solas, como siempre.
Golpeó suavemente el panel, introdujo el código y pisó a fondo el acelerador.
—Mira lo que he encontrado.
Javi pulsó play en el icono proyectado.
“Salimos de la cárcel.
Metemos la primera.
En el loro Deep Purple.
Chirrían las cuatro ruedas.”
—Hostia, broh… ¿esto no es lo que nos ponía tu abuelo cuando nos recogía del cole?
—Sí, tío.
“Vamos marcando el paso.
Vamos rompiendo el hielo.
No hacemos ni puto caso
de las señales del cielo.”
Al detectar la señal, el deportivo redujo la velocidad.
Avanzaban a veinte por hora por una calzada llena de niños con uniforme.
El automóvil los esquivaba de forma automática.
—¿Te acuerdas del coche que llevaba?
—Sí. Con la pintura descolorida y ese ruido raro…
—¡Cómo aceleraba!
—Qué dices. Si era una tortuga.
—No, me refiero al ruido al pisar.
—Y al olor de la gasolina quemándose.
—Ahora conducir no es tan emocionante.
—Ahora es más seguro.
—Para nosotros sí…
para el bolsillo, ya no tanto.

Todo funciona mejor.
Pero ya no se siente igual.
Estopa – Cacho a Cacho

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