
—Me tengo que ir —sentenció ella mientras buscaba su ropa del suelo.
Él disipó la oscuridad de la sala y prendió un cigarrillo. Aspiró profundo y dejó una bocanada de humo en la incertidumbre del ambiente.
—Fumas mucho.
—Es mi único vicio. O eso creo.
—Pero eso te está matando.
—Claro, como el humo de los coches, la comida ultraprocesada que no tengo más remedio que consumir… Hasta el aire oxida el organismo.
—Pero esto no te aporta nada y te mata lentamente.
—Bueno… yo no tengo prisa en morir.
—Tópico punk, típico de ti. Por cinco minutos de placer tienes cinco minutos menos de vida.
—Es como un suicidio, sí. Buscar la muerte, pero que venga de lejos. Quizá me lo esté ahorrando en psicólogos. Todos buscamos a la muerte, pero nadie quiere acompañarla.
Él quiso reír, pero lo que le salió fue tos. Una tos seca de pecho castigado.
—¿Ves? Deja de fumar.
—Sí. Cuando lo deje tu marido, lo haré.
Scorpions – When the Smoke Is Going Down

El humo también es un reloj.

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