
—Hola. Este es Tomás. Di hola, Tomás.
—Ooolaaaah.
—Tomás murió hace meses. Pero decidió quedarse aquí con nosotros.
—Zi, zi.
—Desde entonces deambula por la carretera que va hacia la ermita.
—Oiii… y engo.
—Lo hace sin descanso, arrastrando los pies con paciencia y haciendo su sonido característico.
—Aaaaahggffff.
—Sí, sí. Ese.
—Ggghfffsaaa.
—Tomás es un buen chico.
—Serevroooo.
—Ah, claro. A no ser por ese detalle.
—Uiero serevroooo.
—Para poder pasear todos los días desde la casa del carpintero hasta la ermita necesita comer cerebros.
—Que ico.
—Dos o tres nada más.
—O cuatro.
—No. Dos. O tres.
—Pos vaaaale.
—Por lo que estamos haciendo una colecta para conseguir su alimento.
—Sereeevro.
—No, el mío no, Tomás. Quita, quita.
—¡Serevro!
—Que no.
—¡Serevrooooo!
—Tomás, tenemos visitas. Compórtate.
Tomás se quedó quieto.
Miró a los visitantes.
Sonrió.
—Buen chico.
— Aaargffff

—Aaaaahggffff.
Jonathan Coulton – Re: Your Brains

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