Mientras nos vamos

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Otra vez era niño.

El columpio de al lado estaba vacío. Incomprensible siendo verano. Tal vez era porque colgaban de una nube y estaban en el cielo.

A mí no me importaba. No me daba miedo.

Pasó el carrito de los helados. Volando, con alas de cisne negro. Eso sí me distrajo.

Al volver la vista, el columpio estaba ocupado. Una señora de traje oscuro que me resultaba familiar, aunque mi memoria fallaba.

—Hola, Julio.

—Hola. ¿Me conoce?

—Claro que sí. ¿Cómo estás?

—Confuso. Tengo la sensación de estar en un sitio imposible, con la ropa de hace veinte años.

—Tal vez. ¿Qué es de ti ahora?

—Terminé los estudios y me dieron trabajo en la fábrica. La que está al lado del pueblo.

—¿Donde trabajó el abuelo?

—Sí. Quedó una vacante de ingeniero industrial. El sueldo no es malo, pero podría estar ganando más. Todo sea por quedarme en el pueblo.

—Estaría orgulloso de ti.

—¿Quién?

—Tu abuelo. ¿Hay alguna chica en tu vida?

—Estoy conociéndola. Pasé por una relación larga, pero terminamos mal. Ahora, con Andrea, todo es distinto. Espero que dure.

—Ya verás que sí. Espero que pronto me des un nieto.

—¿Abuela? ¿Tú eres la abuela Dolores? Moriste cuando yo era pequeño.

—Oh, no estoy muerta todavía. Pero en los sueños no existe el tiempo. Solo quería saber de ti.

—Me alegra haberte conocido, aunque sea así.

—Bueno. Mañana no te acordarás de nada, supongo.

—¿Y tú?

—Yo sí. Es lo que se nos concede a los moribundos. Recordarlo todo mientras nos vamos.

El reloj le dio la razón.

Desperté aquel día con la extraña sensación de haber ganado una pérdida.

En los sueños no existe el tiempo

The Beattles – Because


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