
Regordete, con coronilla y un ramo de flores bajo el brazo, se presentó delante de ella.
—Oh… Qué bonitas.
—Soy Juan Sado. Juanpe para los amigos. Contabilidad.
—Encantada. ¿Las flores son para mí?
—Efectivamente.
—¿Y eso?
—Verá. Tengo cierta tendencia a enamorarme del personal administrativo. Así que no tengo más remedio que preguntarle por sus sentimientos hacia mí.
—Pues… no lo sé. Acabo de conocerle.
—Podemos quedar esta tarde y así nos conocemos. Un cine, tal vez.
—Imposible. No podemos salir siendo yo de rango inferior.
—Técnicamente estamos en el mismo escalafón. Según el estatuto, claro.
—¿Y si nos conocemos aquí, en la oficina?
—Me parece bien.
—Pues… ya coincidiremos.
—¿Quiere coincidir en la sala del personal dentro de media hora?
—No puedo. Hoy tengo mucho trabajo.
—¿Y mañana, en la cafetería?
—Tengo intolerancia a la lactosa.
—Café solo.
—Me afecta incluso la presencia de la leche.
—¿Y en la sala de reuniones? Puedo decir que necesito ayuda administrativa.
—¿Y engañar a nuestros jefes?
—Estoy acostumbrado a los rechazos. No se preocupe. Solo le pido que no me dé falsas esperanzas.
—Pues… no. No es mi tipo. Me gustan más los chicos Martini. Ya sabe… con todo el pelo.
—Entiendo. Entonces, si no le importa, ¿podría devolverme las flores? Voy a intentarlo con la otra incorporación.
—¿Emilio? ¿Es usted bisexual?
—No. Pero me hago, si con eso consigo una puñetera cita.
…
—Suerte.

—¿Emilio?
—¿Sí?
—Una pregunta completamente profesional…
Poison – Every Rose Has Its Thorn

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