
Como cada tarde de domingo, la lanzó.
Fuerte.
Con la mente inquieta y mariposas en el vientre.
No quiso pensar en el esfuerzo.
Decidió recrearse en la emoción.
Mil trazos sobre un pergamino enrollado componían una melodía.
Una aventura distinta sobre papel vegetal.
Flores frescas en un país medieval.
Tristes lágrimas del amor que pasará.
Arañazos en el desván.
Susurros de voz angelical.
Salpicando espuma, cayó en el mar.
Solitaria, se alejó.
Impaciente.
Dispuesta.
A escribir algo más.

Palabras que nacen para navegar
Xoel López – Patagonia

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