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Un hombre sostiene a un bebé en un entorno oscuro y etéreo, con luz tenue que crea un ambiente misterioso.

Abrir cuando ya no esté

Eso tenía escrito en su etiqueta.

Era un frasco pequeño, gastado por el paso del tiempo. Contenía una pequeña nube azul que se movía despacio, flotaba sin sentido. No sabía por qué había aparecido ahora, de quién era, por qué me lo habían dejado. Pero sí sabía algo: era un regalo.

También tenía claro que quien me había dejado esto ya no estaba.

Cualquiera que fuera el significado, le hice caso. Antes de darme media vuelta y ponerme a dormir, lo destapé.

El contenido se convirtió en aire. Y el aire fue un suspiro. Un bostezo. Un «mañana lo vemos».

Pero pronto comencé a verlo.

Sentí nerviosismo. Algo estaba a punto de ocurrir.

Sentía dolor ajeno, prisas por llegar, angustia de no saber si todo va bien. Aunque no debería ocurrir nada malo.

Recemos por si acaso.

No reconocí el sitio.

Pero estaba llegando.

Y algo más estaba próximo.

Corrí sin quererlo. Comenzó a formarse un lugar, un instante en el tiempo. Pero no era mío.

Eran saltos en el pasado.

No comprendía bien qué estaba ocurriendo.

Escuché un grito.

Fuerte.

De un dolor intenso, que terminó en llanto.

Tras el llanto, alegría.

Todo va bien.

Ya está saliendo.

Yo, que no era yo, agarré su mano.

Me apretó fuerte.

Respirando.

Soplando.

Apretando los dientes.

Casi un desmayo y ya estaba en mis brazos.

Una sonrisa.

Con una sonrisa se selló su destino.

Se condenó a quererle.

A sufrir su línea del destino.

A enfermar con él.

A celebrar sus triunfos.

A mantenerlo de la mano.

Hasta que caminara solo.

Y entonces sufrir su ausencia.

Despertó con un rayo de sol.

Con un beso lejano que resultó ser cercano.

Ya no tenía carmín.

Se lo habían borrado los nervios.

Ella le miró a los ojos.

Él la interrogó con la mirada.

—¿Qué pasa?

—¿Te acuerdas de que había algo raro este mes?

—Sí.

—Vas a ser papá.

Su sonrisa se hizo imposible de contener.

La abrazó.

La besó.

Le prometió el mundo.

El que estuviera en su mano.

De pronto miró el bote vacío con la leyenda escrita en su etiqueta.

Abrir cuando ya no esté

—Ojalá estuviera aquí.

—¿A qué te refieres? ¿Ya sabes qué era el bote que encontraste ayer?

—Era el sueño de un recuerdo de mi padre.

Icono de nubes con un fondo azul, representando un servicio de almacenamiento en la nube.

No era un sueño. Tampoco era mío.


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