
Salían y entraban como si fueran hormigas.
Hormigas con prisa.
Con mala leche en las curvas.
Iban a parar a aquel sitio donde, irremediablemente, quedaban bloqueados.
Estancados, organizaban un concierto de protestas y algarabía.
Él lo sabía y le gustaba contemplar su caos desde la acera.
Se rozaba contra la farola, saltaba entre los bancos.
Miraba atento el humo y los gritos de ira.
Pero, en el asiento de atrás, él era protagonista.
Se asomaban cabecitas inquietas. Sonreían ante sus piruetas mientras esperaban, sin ganas, el cambio de las luces.
—¡Mira, mamá! ¡Un gatito!
Ella no me veía.
Nunca lo hacían.
Ni cuando me escapé de aquella casa oscura.
Ni cuando crucé huyendo del miedo y, en vez de colmillos, encontré ruedas.

—¡Mira, mamá! ¡Un gatito!
—¿Dónde?
Apocalypse – Cigarettes After Sex

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