
Para ser viernes el bar estaba casi vacío. Una pareja discutía en la mesa de la entrada. Un grupo de amigos festejaba alguna excusa para salir de fiesta. En la barra, solitario, observaba el paisaje con la que creía su última cerveza.
—Hola, Juan.
Sorpresa. No se esperaba tener compañía esa noche.
—Ostias, Marta. Hace tiempo que no venías. ¿Una cerveza?
—Sí, por favor.
—Manuel, dos cañas y unas bravas, porfa.
—Marchando —se escuchó de lejos.
—¿Qué te cuentas, Marta?
—Poca cosa, lo de siempre.
—¿Y Silvia?
—No sé, he discutido con ella y no la veo desde hace dos días.
—Entonces has venido al lugar correcto. A un sitio en el que encontrarte como en casa.
—Digamos que vine por aquí sin pensarlo.
—Ok. Pues vámonos de fiesta.
—Pero tranqui, que te conozco.
—Y yo también conozco tus “tranquis”. Ha sido fuerte, ¿no?
—Ya te digo. Lo de siempre. Sus padres me ven como “la amiga”. Ahora están obsesionados en que necesitamos un novio. Y no nos dejan en paz.
—Aún no sabrán que sois pareja.
—No se dan por enterados. Ella no les dice nada. Y eso que nos pillaron en un beso una vez.
—Pues yo no me hago pasar por tu novio otra vez.
—¿Te acuerdas? Qué risas.
—Risas cuando tu padre me espetó que creía que yo era gay.
—Es que resulta que ya sabían lo mío.
—Pero lo mío no. Yo entonces le tiraba los tejos a Paula.
—Pero como eres un parado de la ostia, se fue con Andrés.
—Sí, bueno. Tú le tirabas hilo a Vero y resultó que le gustaba yo.
—Con lo buena que estaba. No sé por qué no le hiciste caso.
—Jamás. Eres mi amiga. ¿Otra cerveza?
—Siempre.
—Yo ahora estoy tranquilo, ayer conocí a una chica en el parque. Con un perrito muy majo.
—¿Y los estudios?
—Van tirando. Me quedan asignaturas sueltas.
—Microbiología.
—Sí.
—La tienes atravesada.
—Total.
El camarero, amigo de Juan, le hizo un gesto. No necesitó más. Sabían que tenían que salir.
—Hasta Manuel tiene más suerte que yo.
—¿Pero la chica que se ha quedado con él no estaba discutiendo con alguien antes?
—Ya ves. Estaba cortando con su novio.
—Y ahora Manuel la va a consolar.
—Lleva ya unos meses haciéndolo.
—Qué culebrón.
—Vamos a casa y abro un vino.
—Vale. Pasamos a por unas pizzas.
—Como en los viejos tiempos.
—Creían que éramos pareja.
—Y casi lo llegamos a ser.
—Mentira —dijo riendo.
—Bueno, he de reconocer que eres como mi mejor amigo, pero además estás buena.
—¿Crees que la pareja debería ser ante todo amigos?
—Pues claro.
—Pero siempre hay rivalidad. Intento de control…
—Puede ser, en los amigos también.
—Yo contigo no. No lo creo.
—No sé. Puede. Me doy cuenta de que no sé definir la amistad.
—Pues nosotros dos. Que pase lo que pase, siempre nos tenemos.
Los dos sonrieron.
—Siempre.

Todo acaba saliendo en la última cerveza.
Dorian – A Cualquier Otra Parte

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