
Silencio.
Mi pensamiento era silencio.
Me enmudeció entrar entre sus murallas.
Mientras, el murmullo del mercado.
Salitre derramado en viento de levante.
Llamadas en las calles de oraciones antiguas
que ya no existen
y se disipan entre sus paredes,
llamándola eterna, sin nombre, milenaria.
Golpeando su suelo los vi pasar.
Vestidos de gala para su funeral.
Riendo.
Llorando.
Encapuchados, sandalias y cirios en mano,
suplicando un mantra en la plaza mayor.
Ofrenda de llamada antigua, oculta en el tiempo,
a antiguos demonios extintos, enamorados de marzo,
que dejaron llorar a la virgen
en la orilla del Mediterráneo.
Seguiré adorando al mar
en las puertas de mi descanso,
cuando el aroma del azahar
acompañe el crepitar de las brasas de verano.

Todo era ruido menos el mar.
El Último de la Fila – Mar Antiguo

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