
Sus manos estaban enlazadas,
pero no se tocaban.
Él,
con una triste sonrisa fijada en el horizonte.
Ella,
llorando la felicidad de ser recuerdo.
Ellos,
en la memoria de los días de juego.
Aquella casa,
ahora vacía,
oscurece.
Antes brillaba de risas y vida.
De aquella sonrisa,
de un par de besos
y un «ponte el abrigo»,
que ahora se deshace en secreto,
en llantos.
Puede que algún día abra las ventanas.
Que entre el sol.
Y lo barra.
Pero hasta ese día,
a oscuras,
él y ella,
de manos enlazadas,
sin poder hacerlo.

La luz entra. El amor permanece
Love of Lesbian – Universos Infinitos

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