
Somos muy pequeños.
Minúsculos.
Una efímera mancha mutante atravesando la vida.
Recipientes vacíos que se colman poco a poco.
Y es por eso que aquel día me sentí lleno.
Desbordado de lo más cotidiano.
Tan lleno,
que, sin quererte olvidar,
me fui derramando.
Dejé atrás la espuma del bar,
las noches sin dormir buscándote a ti.
O buscándola a ella.
No sé.
Ya no lo recuerdo bien.
Se escaparon también las tardes de calor,
de sonrisas cruzadas,
en el parque,
sentados.
Tarde de hojas aspiradas,
de risas,
y amigos.
Olvidé el trazo loco de un bolígrafo inquieto,
de mañanas muertas esperando,
garabateando misterios,
y colgándolos luego.
Se perdieron caricias enlatadas,
ocultas tras el cristal.
Promesas aladas,
que escaparon por la ventana.
Siluetas imaginadas,
cabalgando descalzas,
y el canto de una sirena,
varado sobre la almohada.
Y ahora me dices que no te quiero,
pero no es verdad,
porque, de tanto retener tu piel,
te entregué hasta el olvido.

Nos pasamos la vida llenándonos
Los Piratas – El equilibrio es imposible

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