
El silencio competía con las olas.
La oscuridad con las estrellas.
Donde antes navegaba un barco, ahora no había nada.
El arrecife se lo llevó.
Tan solo un cuerpo inmóvil.
Flotando.
Ya no había dolor.
Tan solo una respiración entrecortada.
Y frío.
El mar se quebró.
Dejó salir a la superficie la más bella criatura que jamás hubiera soñado.
Intentó respirar hondo y le preguntó:
—¿Eres una sirena?
Ella le sonrió y le dijo en voz baja:
—No.
Él sonrió triste.
—Ah, claro.
Ella acarició su mejilla.
Esperó a que sus ojos se empezaran a cerrar.
Y lo besó.
Donde antes había un hombre,
ahora nada.

Ya no era nadie. Solo agua.
Nina Hagen & Apocalyptoca – Seemann

Deja un comentario