Cien años en casa

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El futuro no era tan distinto. La misma gente vacía que me miraba raro, los mismos locales de moda. El mismo barrio gris donde podías comprar y vender hasta tu alma.

De ahí salía yo, con dinero suficiente para pasar una larga temporada, un pasaporte falso y unas gafas de imitación barata.

No sabía si podría volver a mi época. Solo sabía que podía sobrevivir bien en esta. Solo me faltaba trabajo y un lugar al que llamar hogar.

El viaje al futuro no fue complicado. Se trataba de un experimento sin retorno. Me pagaron mucho por esto, pero yo andaba desilusionado. En las noticias hablaban de tecnología cuántica. De viajes a la luna.

Nada nuevo bajo mi punto de vista.

Nadie viajaba a un mundo nuevo y, por supuesto, los coches no volaban.

Utilicé el metro para visitar mi barrio. Aquel que dejé atrás hacía nada, cuando me expulsaron de mi tiempo. Estaba todo más viejo. Un tanto descuidado. Pero las casas seguían allí. Y casi podía decir que los vecinos eran los mismos.

No pude resistirme. Me detuve frente a la puerta de mi casa y esperé.

No sé a qué.

Llevaba cien años sin pasar por allí.

En un impulso llamé a la puerta. Esperaba encontrarme con el hijo que nunca tuve, ya octogenario, esperándome en secreto. Pero no me esperaba lo que me encontré.

La puerta se abrió de golpe.

Entré sin pensarlo. Pocos cambios. Muebles parecidos a los que tenía cuando estas paredes eran mías. Incluso los mismos cuadros.

Avancé hasta el salón y ahí estaba.

Era yo.

Una versión anciana. Decrépita. Ensartada en cables que salían del sillón.

Mi yo arrugado tenía los ojos cerrados y parecía estar soñando.

Pensé: No puede ser.

Entonces me di cuenta de que no estábamos solos.

—Buenos días. Te esperaba.

Me sobresalté con la voz.

—No te asustes —continuó—. No voy a hacerte daño. Aunque quisiera, no puedo.

—¿Quién eres?

Entonces comprendí que la voz salía de las paredes.

—¿Eres? Aquí solo estoy yo —dijo riendo suavemente, como si explicara un chiste—. Y es verdad. Si no recuerdo mal, hace menos de un día que estás aquí, ¿verdad?

—Sí. Unas catorce horas. ¿Qué está pasando?

—Nada raro. Me ves aquí sentado, y en verdad lo estoy. Pero mi mente está conectada a un pequeño todo. Puedo circular por mi casa, hablarte desde los emisores de sonido instalados en las paredes, abrirte la puerta… incluso visitar a mis amigos de Dinamarca y usar lo que ellos me permitan. Cámaras, sensores y demás aparatos.

—Entonces… ¿viajáis por el mundo a través de internet?

—Ah, esos antiguos protocolos —al viejo comatoso se le dibujó una leve sonrisa—. Se puede, pero se hace poco. Normalmente pasamos la vida en otros mundos. En recreaciones de la realidad.

—¿Y dejáis ahí vuestros cuerpos? ¿No se pudren?

—No. Los conservamos. Ya sabes: alimentación automática, nanotecnología reparadora… Un cuerpo que, si tienes dinero, durará varios centenios.

—Claro… Por eso veo poca actividad en la calle. ¿Se vive en una realidad virtual?

—Bueno, tenemos acceso al mundo real. Pero casi siempre estamos aquí. Algunos solo por ocio. Muchos de nosotros trabajamos, o han tenido su trabajo, en estas tierras digitales.

—¿Y qué tal es?

—Imagínate… y espera a que tu imaginación se quede corta. Todo es posible allí.

—Me encantará verlo. ¿Puedo acceder?

—Sí. Entrarás en ese mundo. Pero vas a tardar en hacerlo.

—¿Por qué? ¿Hay cola de espera?

—No.

—¿Entonces?

—Porque tienes que volver a tu época.

—¿Y tú cómo lo sabes?

Hubo un pequeño silencio.

—Porque yo soy tu futuro.

Vangelis – Blade Runner Blues

El tiempo también sabe volver a casa.


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2 respuestas a «Cien años en casa»

  1. Avatar de Marcos B. Tanis

    Muy bueno como siempre. Te recomiendo (por si no lo habías visto aún), hay un documental donde se logró digitalizar el cerebro de una mosca y dentro del sistema la mosca actúa con autonomía como si fuera que está vivo. Respecto a tu cuento, no está tan fuera de la realidad. Saludos.

    1. Avatar de DeOniros

      He leído algo sobre ese tema. El de la mosca digitalizada. Según parece, el próximo experimento se quiere hacer con una rata. Es un tema apasionante, una vez que la replica digital sea efectiva se puede traducir patrones y conocer comportamientos de animales mas inteligentes. O crear una especie nueva. ¿Homo Digitalis? Ahora… ¿Funcionaría como en la serie «Upload»? (¿La has visto? Es muy buena.) Si es así procuraré comprarme una parcela digital ahora que todavía están baratas y, tras mi muerte, seguir allí, atormentando al mundo con mis historias por los siglos de los siglos.
      En cuanto a este relato… La parte de realidad virtual-aumentada puede que si. Me gustaría llegar a verlo (menudos videojuegos). Los viajes en el tiempo los veo improbables. No imposible, claro.

      Que la noche mantenga encendida la imaginación.

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