La marca

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…Fue entonces cuando comencé a verlo.

Aparecía al anochecer. Se sentaba siempre en el mismo banco.

Y me miraba.

No se le veía bien la cara, pero yo sé que me miraba.

Me aterraba su figura, siempre ahí, pendiente.

Atraía a la niebla. No lo detenían la lluvia ni el viento. Hasta llegué a pensar que disfrutaba cuando caía granizo.

Desaparecía siempre con los primeros rayos de sol.

La curiosidad mató al gato.

Pero a mí no.

Reuní valor con paciencia y llegó el momento en que decidí enfrentarme a mi miedo.

Me acerqué a él con cautela.

Y respondió a mis pensamientos.

—Lo soy.

Quedé aterrado al escucharlo.

—Y tú también lo eres.

—¿Qué es lo que soy?

—Como yo. Llevas la marca que nos define.

Pensé en mi piel.

En algún símbolo secreto.

Una señal oculta que pudiera identificarme como monstruo.

Pero no era así.

La verdad era mucho más oscura.

Ese día dejé de verlo.

Pero no de escucharlo.

Me enseñó a esconderme en la niebla.

A amar el bosque.

A escuchar los pasos del viento.

Comprendí que la naturaleza exige equilibrio.

A veces da frutos y nos llena de regalos.

Pero otras veces también necesita sacrificios.

Compréndeme entonces.

Tu muerte no será en vano.


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