
Ahora siento distinto.
No tiene nada que ver.
Retengo otros mensajes, necesito sabores más intensos.
Y aun así, se coló por mi ventana y me quedé soñando.
Por un momento volvió.
Estaba en el aire.
Suspendido.
Como una fotografía descolorida, de pantalones de pana y melena tiesa.
Como aquella canción de los Stones que tanto odiaba de pequeño.
Es curioso.
Cómo se humedece mi mirada por algo que antes quería olvidar.
¿Cómo puede contener tanto una sola brisa?
La marisma.
El azahar.
La playa.
Las noches en vela porque tú no me mirabas.
El castigo secreto de tu risa.
Tu piel y su misterio.
Aquella que se fue con él.
Y yo quedándome atrás.
¿Atrás?
Con el espíritu y el mar, como decía la canción.
Y con ganas de más, me fui herido.
Entonces recordé aquella ventana.
Que, como si lo hubiera sabido, me hizo detenerme.
Me regaló una sonrisa.
Y más tarde sus labios.
Qué puedo contar…
Si todo parecía más fácil.
Como aquella melodía.
La que me hizo soñar un verano.
La que después se perdió en el mar.
Y se hizo lejana.
Ahora, de la sal, recuerdo
aquellas notas de estío,
cuando cambié unos besos por otros
para terminar, de nuevo, a solas.
Qué puedo contar…
Si todo era más difícil de lo que parecía.
Y ahora lo saboreo con el compás.

Palabras que nacen para navegar
La Guardia – Mil calles llevan hacia ti
Descubrí que la memoria también tiene banda sonora. Y a veces no es la que habría elegido.

Deja un comentario