
Rojas. Verdes. Azules.
Le suplicaban que entrara.
Le envolvían en su manto de destellos,
al son de los tambores.
En movimiento.
La danza de todos.
Con todos.
Contra todos.
Enlazados.
Sudando.
Conectados.
Respirando calor.
(Silencio.)
Una mirada.
Y el mundo desapareció.
Un movimiento de manos
al pasar a su lado.
Rozando su pelo negro.
Que dio lugar a un giro.
A la danza.
Al castigo.
Cuento de los ancestros
entre sus caderas.
La plegaria de un secreto.
De la vida en el universo.
Ocultando la noche.
Despertando caricias.
En la respiración.
En el deseo.
Sangrando pasión
en un rito milenario.
El amanecer rompió el misterio de dos figuras desnudas.
Las prisas los convirtieron en números.
Y, entre cifras,
una esperanza.
Entre letras,
una proposición.
—¿Qué haces esta noche?

—¿Qué me propones?
—Que bailemos hasta que el amanecer vuelva a olvidarnos.

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