
Borrosas por el vaho se veían las luces de la ciudad.
La tarde, sin pensarlo, terminó en noche.
La noche los cubrió de estrellas.
Las estrellas, avergonzadas, miraron hacia otro lado.
Aún recuperando la respiración, él quiso saber algo.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque siento que nos estamos perdiendo.
—¿Qué vamos a perdernos si ni siquiera nos hemos encontrado?
—¿Después de tanto tiempo?
—¿Haciendo qué?
—Pues… esto.
—Venga ya. Si ni siquiera hemos tenido una cita.
—Hemos ido al cine.
—Y terminamos haciéndolo en los asientos de atrás.
—No sé… Salimos.
—No te confundas. Nos buscamos cuando nos hartamos de nuestros amigos y nos venimos aquí. Este coche es el único hogar que estamos construyendo. ¿Y me preguntas adónde va lo nuestro?
El silencio se adueñó del salpicadero.
Él encendió la radio.
Giró la rueda plateada.
La siguiente canción comenzó a sonar.
Anochece lento y sin querer…
—Me encanta esta canción —dijo ella, suspirando la letra.
—Lo sé.
No te ha costado nada ponerme del revés con tus frases desordenadas…
Ella sonrió.
—¿Qué sabrás tú de mí?
Y llegó a la conclusión… espero hasta mañana…
—En serio, Marta. ¿Y si lo intentamos?
Ella tardó unos segundos en responder.
—No lo sé. ¿De verdad buscamos lo mismo?
Aguanto la sensación de lluvia en tierra mojada…
—¿Qué buscas tú?
Y no has sabido calcular toda la repercusión que empapa tus palabras…
Ella bajó la mirada.
—No lo sé. Un cómplice. Un amigo.
—¿Y tú?
…y cala en mi habitación…
Él permaneció en silencio.
Después sonrió, casi sorprendido de escucharse a sí mismo.
—Yo…
Levantó un dedo hacia la radio.
Tu mirada me hace polvo…
Ella lo miró sin entender.
—¿Eso? ¿Qué…?
Él bajó el volumen.
Lo justo para terminar la frase.
—Que me miren como mira Travis Birds.

Sonrió, casi sorprendido de escucharse a sí mismo.
Travis Birds – Azul Noche

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