
El termómetro insistía en no dejarse domar.
La cama daba demasiadas vueltas.
Insistí en dejar los ojos cerrados. Pero no era una opción.
Así que me vestí para la ocasión y salí.
Silencio.
La calle estaba desierta. Lo normal a esas horas.
Una farola rebelde jugaba con las sombras. Me contaba historias de fantasmas mientras iba caminando.
No la creí y crucé.
El silencio me obligó a mirar atrás.
¿Pasos?
¿Alimañas feroces ocultas en la penumbra?
Quizá.
Pero era muy pequeña la sombra y no se ocultó bien.
Me acerqué.
La curiosidad tenía una larga cola. Cierto brillo en su mirada.
Y bigotes.
Quise escucharlo maullar.
Pero, en vez de eso, dijo:
—Tengo hambre.
Eso sí me asustó.
—¿Qué diablos?
Pensé en el sueño. En el calor. En cuánto tiempo podía tardar una pesadilla en alcanzarme despierto.
Pero no.
Volvió a pedirme de comer.
—Vamos, los humanos siempre tienen comida.
Decidí afrontarlo.
—¿Qué clase de brujería es esta?
—De brujería sé lo justo. De hambre… de eso sé un montón. ¿Me vas a dar de comer?
—¿Cómo sé que no eres un monstruo sanguinario que me va a cenar en cuanto te meta en mi casa?
—Vamos, hombre. Mira mi tamaño.
—Yo solo sé que los gatos no hablan.
—Es que yo no soy un gato.
—¿Entonces?
—Otra cosa. Pero ronroneo igual.
De su pecho se escuchó ese rugido sordo tan conocido.
—¿Te gustan las sardinas de lata?
—No soy Don Gato.
—¿Y el jamón cocido?
—Eso sí. ¿Me invitas?
—¿Por qué no? ¿Qué puede salir mal?
Caminamos de vuelta.
Cruzamos bajo el tintineo de la farola rota.
Llegamos a la puerta de la casa.
Estaba abierta, eso me sorprendió.
Ya no notaba calor.
Quise entrar en la cocina para buscar en la nevera, pero algo me llamó la atención.
Una presencia en mi cuarto. Algo andaba mal.
Entonces comprendí.
Estaba tumbado en la cama.
Quieto.
Demasiado quieto.
Un escalofrío me invadió.
Entonces escuché una voz a mi espalda.
—Eh. Hay algo que no te he contado.
Ya no recordaba que me acompañaba aquel minúsculo felino parlante.
Me volví.
—¿Qué eres?
—Yo… solo cuido las almas cuando se van.

¿Qué puede salir mal?
Sr. Chinarro – Bye Bye

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