
Ella cosía pulseras.
En aquel banco, frente a la playa.
El rumor de las olas aromatizaba su cabello.
Estaba tan concentrada…
Solo quería mirarle a los ojos.
Nada más.
—Buenas noches. ¿Cuánto vale?
Eran verdes.
Como el mar que la salpicaba.
Como la profundidad que contenía al mirarme.
—Esta vale 10 €.
Sonreí.
—¿Por qué tan cara?
—Porque contiene la esencia de la noche.
—Pero eso lo contiene simplemente el ambiente.
—Sí. Pero con esta pulsera quedará en ti. Y ya nada será igual.
—¿Me cambiará si la llevo puesta?
—Depende.
—¿De qué?
—De con qué la alimentes.
—¿Come almas?
Sonrió.
Yo me enamoré.
—No, tonto. Come experiencias. Las que tú tengas y quieras conservar.
—Y si te la compro, ¿me llevaré con ella una experiencia tuya?
—Sí.
Se la puso.
Me acarició la cara.
Se la volvió a quitar.
Y me la puso en una bolsita de regalo decorada a mano.
—Son 10 euros.

Tejida de sal y experiencias
Rupatrupa – Luna Roja

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