
Los cánticos elevaban el volumen según avanzaba. Al principio eran un sordo murmullo que venía con el viento. Luego, un estruendo infernal que arañaba el anochecer.
El silencio estaba con ellos.
Dos detrás,
uno delante,
otro más en la retaguardia.
Ocultos.
Veloces.
Volaban entre las sombras de los árboles.
El bosque era su aliado.
La luz señalaba su destino.
Pronto llegaron.
Cuerpo a tierra.
Analizaron la amenaza.
Cinco alrededor de la hoguera. Uno más escondido tras el altar. Todos bajo la bandera del pentagrama que defendían en su culto.
—Hay que encargarse de eso —dijo el primero.
—Sí, señor.
—Smith, ¿alguno más oculto?
—No, señor. Los alrededores están despejados.
—Peter.
—A la orden.
—Serás el señuelo.
—¿Yo, señor?
—Eres el que más corre.
—Sí, señor. ¡A la orden, señor!
—Pues mueva el culo ya.
Peter se levantó de golpe y corrió como un poseso. Gritaba sin parar. Pasó por delante del culto como un alma en pena.
Un pequeño tubo de plástico le golpeaba el pecho con cada zancada.
Sorprendidos, los de la hoguera interrumpieron sus cánticos. Agarraron sus armas y corrieron detrás de él.
El que se ocultaba tras el altar sonrió. Apuntó con su rifle y…
—Yo no haría eso.
Dijo encañonando con su arma la espalda del enemigo.
Los demás se hicieron cargo de la bandera del culto y plantaron victoriosos la suya: una negra, con una calavera con gorra de soldado.
Un disparo los sorprendió.
Una mancha roja apareció en el pecho del capitán del equipo. Alzó la mirada y allí lo encontró, encaramado a un árbol, con una sonrisa de medio lado.
El capitán se agarró el pecho y gritó:
—¡Eso es trampa! ¡Ya habíamos cambiado la bandera!
—¡Mentira! ¡Disparé antes!
—¡Las reglas dicen que el juego termina cuando la bandera del contrario ondea en el lugar de la otra!
—¡Y todavía no estaba izada! ¡Jefe muerto, equipo perdido!
—¡Mentiroso!
—Pues habrá que repetirlo.
—Pues repitamos.
—¡Con su permiso, señor!
— ¿Que quieres?
— Papa… Esto… Señor. ¡Mama nos está llamando. Dice que no lleguemos tarde a cenar!

1. Los «Tacticools» (MilSim o Simulación Militar)
«A ver, papá, no somos críos jugando a los soldaditos en el pinar. Es pura táctica.»
El rollo: Funcionamos por escuadras. Usamos radios con pinganillo, lenguaje militar y nombres en clave. El honor es intocable: si te da una bola o una mancha de pintura, gritas «¡baja!» y te vas al respawn. Nos tomamos la estrategia bélica con una gravedad extrema… hasta que toca irse a cenar.
El uniforme: Funcionalidad táctica al poder. Pantalones de camuflaje, chalecos portaplacas llenos de bolsillos, botas de combate y parches de velcro en el hombro con la bandera del equipo (o un meme irónico).
La playlist: Adrenalina para entrar en calor antes del asalto. Escuchamos Phonk (ritmos electrónicos oscuros con bajos que te tiemblan en el pecho), metal épico como Sabaton o la banda sonora del videojuego Doom.
2. Los «WitchTokers» (Spooky Teens o Neo-góticos)
«Tranquilo, papá, no somos una secta de película. Solo canalizamos buenas energías y buscamos la estética.»
El rollo: Nos fascina el misterio, el tarot y la astrología. Llevamos cuarzos amatista en la mochila para limpiar las malas vibras y nos juntamos en el bosque a encender incienso. Es un aquelarre moderno: manifestamos cosas positivas, pero lo envolvemos en un ambiente oscuro y misterioso para subirlo a TikTok.
El uniforme: El negro es la única religión. Faldas largas, corsés sobre camisas anchas y botas con una plataforma gigante (tipo Demonias). Los accesorios son vitales: plata, lunas, estrellas, muchísimos anillos y un delineado de ojos negro, afiladísimo y dramático.
La playlist: Música melancólica que te haga sentir que flotas en la niebla. Rock denso y atmosférico como Deftones, clásicos oscuros como The Cure, o voces etéreas como Lana Del Rey y Florence + The Machine.
In This Moment – The In-Between

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