
La luz de la luna dibujaba su cuerpo.
Deslizó un dedo por su espalda y terminó en un suspiro.
La noche estaba en silencio y la palabra se le escapó de los labios.
—Te quiero.
Ella abrió un ojo.
—¿Me quieres?
Él reflexionó.
—Eso he dicho.
—¿Cómo que me quieres si casi acabamos de conocernos?
—No sé. No tiene lógica. Simplemente me ha salido la palabra.
—¿Ah, sí? ¿Y qué queda si algún día me lo dices de verdad?
—Te lo he dicho de verdad.
—Vale. Quiero decir, de corazón.
—Es que ha sido de corazón.
—No. Ha sido un «te quiero» genital.
—O sea, que lo he dicho con la polla.
—Lo has dicho con las ganas.
—No es eso. Yo siento cosas. Pienso que hay algo más que sexo en lo que siento.
—¿Maripositas en el estómago?
—Algo así.
—Pues que sepas que son maripositas sexuales, por mucho que te dejen cara de embobado y ganas de mirar el atardecer.
—Entonces… ¿qué es el amor?
—Joder, Javi, que tienes treinta y cuatro años. ¿Te lo tengo que explicar?
—Pues mira, sí. Porque, por lo visto, lo vemos de distinta manera.
—Pues… —El pensamiento invadió su mente. Se reflejó en su mirada.
—¿Ves? No es algo claro, ¿verdad?
—No. No lo es. Podría decirte que es sentirse a gusto. Sentir seguridad. Pero tampoco.
—¿No sientes maripositas?
—¿Como una niña tonta?
—Ajá.
—Sí.
—Pero es sexual, ¿verdad?
—Sí.
—Pues ven aquí.

Qué más da.
El corazón solo sabe sentir.
The Beattles – Sexy Sadie

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