
Desde que piso este jardín de nubes, en el que pinto sonrisas y lluvias, mi cuerpo tiene otro reflejo. Empecé a vestir con ropas gastadas, despeinarme en secreto, mostrarme en pasajes lejanos que, una vez sufridos, dejaron buen recuerdo.
Fijándome en la fuente de mis destellos, no quise verlo. En absoluto. Fabriqué sin quererlo un personaje incompleto. De pose ambigua, de rostro nuevo. Paseando por aventuras cósmicas de tronos distantes. Tendiendo la mano al destino, al distinto, a quienes siguen soñando.
Pero viéndome en calma, quise atarme en corto. Pensar cuando miento. Beber a sorbos medidos. No sea que me embriague el viento y después sea extraño. Que me sienta vacío en un mundo de cuentos. Que mi vista se aparte cuando rompa el misterio.
Pero no puedo. Me descubrí raro en este mundo de olvido. Tan raro como somos todos cuando dormimos.
Y aunque me vista antiguo y camine cansado, este es mi reflejo más verdadero. Aquel en el que el alma brilla con mi luz, precisamente por no ser perfecto.

Donde la luz no necesita ser perfecta.
Massive Attack – Paradise Circus

Deja un comentario