
Abrió lentamente los párpados.
Dejó al descubierto la mirada malva de un gato. Resopló una voluta de humo y preguntó:
—¿Qué haces en mi cueva, humana?
La niña le golpeó el morro con su espada de madera. Lo miró con rabia y espetó:
—Prepárate para morir, bestia inmunda.
Su expresión no era feroz. Era de sorpresa.
—¿Por qué quieres matarme, pequeña dama? No te conozco. No te he hecho daño.
—Porque atemorizas a mis amigos.
—¿Y tú? ¿No tienes miedo?
La criatura se incorporó, dejando brillar sus escamas carmesí como perlas bajo la penumbra. Desde abajo, la niña dio un paso atrás. Aguantó la respiración y apoyó la espada contra las escamas de su pata.
—¡No! ¡No te tengo miedo!
—Qué valiente.
La pequeña intentaba disimular el temblor de sus manos. El monstruo volvió a recostarse.
—No os he hecho daño. ¿Por qué me teméis?
—Quemaste a los caballeros del rey.
—Bueno… ellos intentan matarme… ¿Qué menos?
—Te comiste la vaca de mi abuelo.
—Estaba en mi territorio. Yo estaba aquí antes, hace milenios. Si tengo hambre, como.
—Pero sin vaca, somos nosotros quienes pasamos hambre.
—Vale. No me comeré vuestras vacas y vosotros no os comeréis mis ciervos.
—¿Y los jabalíes?
—Son muy pequeños, para vosotros. Pero queda totalmente prohibido entrar en mi cueva sin permiso.
—Vale.
—¿Todavía quieres matarme?
—Todavía das miedo.
El monstruo lo pensó un instante.
—Si te llevo volando a casa… ¿se te quitará un poco el miedo?
La niña no pudo evitar sonreír.

Todavía das miedo.
Metallica – The Call of Ktulu

Deja un comentario