
—No me gusta.
Suspiré frente al lienzo en blanco.
Arrugué la página y la lancé. Rebotó en el espejo.
Entonces lo vi.
Era yo. Claro.
Pero había algo extraño. Sutil.
Una sombra donde no debería haberla.
No le di importancia.
Volví al papel.
—¿No das con lo que quieres contar?
Levanté la mirada.
La voz no venía de fuera.
Pero tampoco era mía.
El espejo.
Me acerqué.
—¿Quién eres?
—¿No te reconoces?
—Nunca había hablado con un espejo.
—Sí que lo has hecho.
Solo que esta vez… te contesto.
Fruncí el ceño.
—No eres yo.
—No exactamente.
Soy tú dentro de cinco años.
El silencio se hizo más denso.
—¿Vienes a advertirme?
—No.
—Entonces, ¿para qué?
—Para preguntarte qué te pasa.
Miré el papel en blanco.
—Nada. Estoy bloqueado.
¿Sigo escribiendo en tu tiempo?
Sonrió. O eso creí.
—Sí.
—¿Y qué tal me va?
—Bien. A veces no tanto.
—Eso no dice nada.
—Dice lo justo.
Suspiré.
—¿Algún consejo?
—Sigue escribiendo.
—¿Solo eso?
—Todo lo demás ya habrá pasado.
Y no tiene arreglo.
—Vaya mierda de ayuda.
El reflejo ladeó la cabeza.
—Es que no vengo a ayudarte.
—¿Entonces?
—Vengo a hacer lo mismo que tú.
—¿El qué?
—Mirar… sin saber qué escribir.
Me quedé en silencio.
—¿Vienes mucho por aquí?
—Cada vez que no encuentro nada.
Bajé la mirada.
El papel ya no parecía tan vacío.

No buscaba respuestas
solo quería saber si seguía allí.
Radiohead – Daydreaming

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