Los caramelos de siempre

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¡Ah, que me vuelve a sonreír la descarada!

Llevo un rato observando cómo se desenvuelve con ese chicle. Lo estira, lo dobla, lo golpea contra la mesa con las manos llenas de harina. Luego le añade un poco de fermento, lo mete en el horno y crece.

Mírala.

Arremolina el pelo con el bolígrafo.

Sonríe con picardía.

Se humedece los labios y clava la mirada.

Como una loba en celo buscando su presa.

Seguro que peca de lasciva.

Que será la reina del baile en sus escapadas nocturnas a aparcamientos perdidos en explanadas. Diosa de maletero abierto y bolsas de hipermercado llenas de hielo.

Seguro que está deseando salir y enseñarse en alguna página azul de motivo descarado.

—Oye, Jessy. ¿Sabes qué le pasa al señoro ese de ahí? Lleva un rato inmóvil frente a la estantería mirándote.

—¡Oh, nada! Tranquila, el welis es inofensivo. Viene, babea un rato, compra unos caramelos y se va contento.

—Está como hipnotizado.

—¡Claro! Una que está muy buena.

—Pero es que ya lleva tiempo.

—No sé. Acércate a ver si necesita un reinicio.

—No, no. Mira, que ya viene.

Jessy levantó la vista cuando el hombre abandonó por fin la estantería y se acercó al mostrador.

—Hola, señor. ¿Los caramelos de siempre?

—Hola, jovencita. Los de siempre. ¿Para qué variar?

—Pues se queda usted un buen rato escogiendo.

—Vale, me has pillado. En realidad me quedo observándote.

—¿Tan guapa me ve usted, abuelo?

—Reconozco tu belleza, pero no es eso.

—¿Qué es entonces?

—Verás, soy escritor.

—¿Escribe sobre amores imposibles?

—No exactamente. Mi género es otro.

—¿Novela erótica, pillín?

—Casi.

—¿Entonces?

—Escribo sobre un asesino en serie. Mi género es el terror.

Jessy soltó una carcajada.

—¿Y por qué me observaba a mí?

El escritor guardó silencio unos segundos.

La observó.

Como si estuviera resolviendo una duda importante.

—Porque llevo una semana intentando decidir si eres la víctima o la asesina.

Jessy dejó de reír.

Solo un instante.

Lo suficiente para preguntarse si aquello era una broma.

O si acababa de convertirse en asesina en serie.

Todavía no sé si matas o mueres

Echo & The Bunnymen – The Killing Moon


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4 respuestas a «Los caramelos de siempre»

  1. Avatar de Karen M. Paramio

    Así es, ja, ja, en las cercanías de un escritor te acabas convirtiendo en personaje. Yo utilicé un par de blogueros en «La Nebulosa del Reverso» 😆
    Buen fin de semana

    1. Avatar de DeOniros

      Claro, pero debe ser horrible si te pasa en la calle. Visto desde fuera, digo. Quien me conoce sabe que puedo estar horas mirando al vacío. Me pasó que una vez, una señora me dijo «¿Que pasa? ¿Que tengo?». Yo no sabía explicarle que estaba en un momento creativo. Inspirarse en fotos, textos o vídeos es menos comprometedor pero a mí me gusta más lo que se percibe en el aire.
      Esta historia comenzó así, con una chica en una gasolinera, un señor despistado y un cuento.
      Que tus sueños vuelen lejos.

  2. Avatar de Karen M. Paramio

    Ah, ya veo, ja, ja. Yo es que muchas veces recibo la inspiración mientras hago las tareas del hogar y tengo que dejar los platos a medio fregar para anotar que los personajes acaban de hacer tal o cual cosa. Lo de hablar sola en el autobús ya no llama la atención porque se creen que hablo por teléfono.
    Felices sueños también.

    1. Avatar de DeOniros

      Eso también, fregar los platos es tiempo de recogimiento interior. A parte de pasear al perro que es lo que más, si busco inspiración en lo cotidiano, me quedo con la danza de la fregona.

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