
Harimaguada
El viento revolvía su cabello.
El sol dejó de deslumbrar.
Fue entonces cuando dio la señal.
Bajaron en fila por el sendero del desfiladero. Cinco eran las que bajaban, con sus varas de pino y sus túnicas blancas. Conteniendo el paso para ser vistas. Procurando equilibrio, esperando llegar pronto.
De golpe, pararon la marcha.
Una de ellas, la segunda, resbaló. Cayó de rodillas en una mueca de dolor. Rasgo su vestido al incorporarse y siguió caminando.
El mar las estaba esperando. Salpicando espuma blanca por sus feroces filos. Se detuvieron junto a la poza. El rojo del horizonte les habló de oscuridad. Entonces entraron y formaron un círculo.
El agua les llegaba hasta la cintura. Gritaron al cielo con desesperación. Llamaron a Dios por su nombre y le ofrecieron sus cantos.
Con sus varas golpearon el agua, provocaron gotas de sal que caían sobre sus caras. Lo hicieron de manera constante, con rabia, con la esperanza puestas en el cielo.
Llegó el momento en que, agotadas, sus movimientos se hicieron lentos. El dolor les recorría el cuerpo y casi dejaron de hacerlo. Pero a pesar de ello, notaron que el agua les seguía salpicando.
Las nubes les dio su bendición.
Y ellas sonrieron.

Porque esta vez, el cielo había escuchado.
The Cinematic Orchestra – Arrival of the Birds

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