
Allí estaba de nuevo.
Llorando sobre el halo de luz que desprendía al moverse. Lamentándose por algún misterio ancestral que llevaba su nombre escrito. Su soledad me golpeaba en la columna vertebral. Me producía escalofríos acercarme.
Y aun así no podía dejar de mirarla.
La seguía hasta el filo del bosque, donde entonaba su cántico. Un llanto secreto que con el tiempo se volvió leyenda. Gritando errante hasta el primer aliento del amanecer.
Pero esta vez se dio cuenta.
Fingió no saberlo hasta que me acerqué demasiado.
Entonces la perdí.
Ya no estaba allí.
Estaba a mi lado.
Un susurro quebró mi serenidad.
— ¿Qué quieres de mí?
Respirándome el miedo, le dije:
— Te veo triste, cada noche. Quiero entender por qué.
— ¿Qué entiendes tú de morir?
— Nada.
— Pero eso que sientes supera tu miedo.
— Así es.
— ¿Qué es lo que sientes?
— No sé explicarlo. Pena… No me gusta verte así.
— ¿Sientes amor?
— No… no sé. Puede.
Me acarició la mejilla con una mano fría. Su luz atravesó mi rostro. Intentó acercar sus labios, pero no encontró apoyo.
Su espíritu se aferró al mío en un abrazo que no era de este mundo. Quiso llevarme con ella, pero comprendió que mi vida dependía de mi propio latido.
Y entonces se desvaneció.
Nunca más la volví a ver.
El amanecer dejó de traer su lamento.
Aun así, algunas noches regreso al filo del bosque.
No para echarla de menos.
Sino para recordar cómo ardía su misterio.
Nox Arcana – Scarborough Fair

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