
Buscando una excusa para encontrarnos a solas,
me di cuenta de que ya no estabas.
Te habías ido lejos,
a aquel país que un día mencionaste,
y que ya jamás sabría cuál es.
Pero seguí buscando aquel momento.
No sé por qué.
Los primeros días fueron de lluvia y río,
de recuerdos inauditos:
algunos falsos, otros fingidos,
fantasías de un fracaso —
de un tipo roto que se miente un poco para salir del paso.
Después llegó la calma,
y supe míos aquellos instantes
soñando despierto el sabor de tus besos.
Pasaron de caricias a palabras,
y de palabras a hechos.
Y cuando me di cuenta,
mi fantasía ya tenía temas inciertos,
y tú
ya no estabas en ellos.
Fue entonces cuando entendí el secreto:
no eras tú la protagonista de mis sueños.
Fueron ellos quienes te acogieron unos días,
solo para darle sabor a las palabras que escribo.
Ismael Serrano – Sucede que a veces
Replica a El Onironauta Cancelar la respuesta