
Estaba muy nerviosa y eso no ayudaba.
Cerró los ojos.
Esperó el momento.
Intentó no apretar los dientes.
Pero al fin la sintió.
Estaba dentro.
Dolía. No lo podía negar. Sentía cómo penetraba en su cuerpo, ramificando espinas dendríticas, invadiendo botones axónicos, creando sinapsis.
Respiró hondo.
El mundo se silenció.
Dos latidos.
Uno en sístole.
Otro en diástole.
Comenzaron a bailar al compás. Acelerándose uno, calmándose el otro. Lloviendo en frecuencias de ideas que tocaban a la puerta con sonidos sordos. Que pedían permiso blanco, rosa y azul para entrar dentro.
Ella le dijo que sí.
Y las dos se unieron.
Era ella.
Su amiga del alma.
La que siempre estará contigo.

Ya no estoy sola
Björk – Pagan Poetry

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