
– …Seremos unas 900
– Imposible. La casa es pequeña.
– Pero no podemos ser menos, nuestra colonia tiene que ser de al menos 850, no nos podemos permitir menos.
– Eso son muchas…
– 800, y prometemos no salir mucho. No percibirás mas de 3 o 4 a la noche.
– Y si nos veis, os escondéis.
– Joder, encima, vamos, que aunque estemos en nuestra propia casa no podemos salir al patio.
– El contrato dice, alcantarillas, bajos de los muebles de la cocina, canaletas y conductos.
– Perfecto, si, pero tendremos que salir a comer.
– Vale, permito movimiento ocasional, preferentemente cuando estemos dormidos.
– ¿Y si tenemos una urgencia por el día?
– En el contrato no pone nada de urgencia, encima que vais a estar en casa.
– Bueno, si, pero vamos a pagar.
– Ese es otro tema a ver. ¿Cuanto estais dispuesto a pagar?
– Podemos permitirnos unos noventa céntimos
– Pero eso es una miseria.
– Por individuo.
– ¿Decías que ibais a ser 900?
– Si
– ¿Y de manera mensual?
– Pagaremos el día uno en efectivo.
– ¿Procurando no aparecer delante de mi señora?
– Lo intentaremos.
– Bien, firmemos.
El minúsculo documento fue firmado por los dos. Una copia se lo quedó el propietario del inmueble y otra se la llevó el inquilino. Desapareció bajo la puerta bajo la sonrisa del firmante.
Un grito rompió el silencio.
Un crujido lo comenzó de nuevo.
Una señora de pelo corto apareció tras abrir la puerta. Tenía el miedo en el cuerpo.
– Mariano, acabo de pisar una cucaracha del tamaño de una mano, que asco.
– Carmen, lo que acabas de pisar es tu futuro.

Abstenerse curiosos
Oingo Boingo – Weird Science

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