
Desde aquella vez estoy perdido.
Entorno los ojos al caminar en el alambre. Escucho la señal del dedo de los vecinos, pero no entiendo lo que hablan. Husmeo mi miedo a equivocarme; mi certeza de saberme herido. Quizás no de muerte, pero sí de olvido.
Lo sé desde aquel suspiro azul de humo blanco; aquella señal de derrota lejana que torció mis pasos.
Que me contaban historias: de un precipicio, de la piel emplumada y un sol eterno, aburrido de su cara.
Pero no era cierto.
Porque perdido ya estaba.
Desde aquella tarde soleada en la que partí de la nada, respiré profundo y lloré un drama.
Y no me bastó confesarme el domingo. Tampoco el mandato del rey de espadas. Ni leer la letra pequeña de los cuentos de hadas.
Y pese a seguir migas de pan y encontrar baldosas amarillas, seguía sin llegar a mí la luz que me guía.
Hoy me resigno.
Me escondo en garabatos sordos, en papel manchado de tinta, en murmullos que esquivo sin prisa, sin ganas, sin rumbo.
Barajando mis arcanos y sin miedo a tirarlos.
Pero ya no busco trino ni coro; y si me alejo herido, me basta con el silencio.
Y es cierto, estoy perdido.
Pero tú también lo estás.
Solo cambia el ruido.

Solo cambia el ruido
Faith No More – The Real Thing

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