Pierdo mis palabras.
Las pierdo.
Se deslizan entre mis dedos.
Las creía de fuego.
Y miento:
son ríos de espuma blanca.
No descansan en batas blancas.
No escalan montañas.
Persiguen una nube oscura
y se llueven sin ganas.
Y aunque pierda mis palabras,
sé
que dejan caricias.

Incluso la espuma deja huellas
Maria Rodés – Fuimos los dos

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