
La vi pasar.
Tras su mirada triste solo había silencio.
—¡Espera, espera! ¿Por qué tus personajes siempre son tristes?
—No es así. Ella no es triste. Solo tiene la mirada así.
—¿Y eso?
—No sé… es lo que veo en la calle.
—¿Miradas tristes? Por donde yo paso, la gente se ríe… se enfada…
—Sí. Pero las chicas que me gustan… todas tienen esa mirada.
—¿Como aquella que pasa por allí?
—S… sí.
—Venga.
—¿Qué?
—Que le digas algo.
—¿El qué?
—Yo qué sé… háblale de sus ojos. El poeta eres tú.
Silencio.
De su tristeza quedó el encanto.
Y de su silencio… tan solo un recuerdo.
Le Mans – Dry Martini

El poeta lo sabía. El chico, no tanto.

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