
El icono brilló verde esperanza. Deslizó el dedo por la pantalla. Se estremeció. Cerró los ojos y se dejó caer en el suspiro.
Al abrirlos, allí estaba la luna pálida y melancólica.
Tal y como la había dejado.
Caminó repasando palabras. Él estaba allí, sentado, esperando, con la mirada perdida en el infinito. Quién sabe con quién soñaba, si es que le era posible.
—Pensaba que no ibas a venir —dijo en cuanto la vio.
—Y no pensaba hacerlo —respondió ella—. Pero te debo una explicación.
—¿Qué nos está pasando, princesa?
—Verás… necesito hacer cambios en mi vida…
—Eso quiere decir que me estás dejando. ¿No?
—S… sí.
—Pero… ¿te he hecho algo malo? ¿Por qué?
—No es eso. Si te portas genial conmigo. Siempre estás atento…
—Entonces, ¿en qué fallo?
—No hay fallos. Al menos no por tu forma de ser. Es… otra cosa.
—¿Ya no te gusto?
—Sí me gustas. Y eso es lo que más duele.
—Pues no me dejes. Yo puedo hacerte feliz.
—Puedes hacerme feliz ahora, pero…
—Vivamos el momento, como decías siempre.
—¿Y si ahora quiero algo más?
—Me parece perfecto. Yo también lo estaba pensando. Podríamos…
—No. No creo que puedas…
—Claro que puedo. Déjame intentarlo. Sé que puedo sorprenderte.
—Sabes que no es así…
—Mira, si me dejas, voy a hacerte la mujer más feliz de—
—¡Quiero tener hijos! ¿Me vas a dar hijos?
—¿Y por qué no?
En su cara se dibujó la sorpresa.
—No lo sabes… ¿no?
—¿Qué debo saber?
Ella respiró hondo. Le tembló la voz.
—Necesito algo que empiece cuando apague todo esto.
Él se quedó en silencio.
—Creo que no lo entenderías… Pero te he querido mucho. Y te voy a echar de menos.
—Si es por tu bien… lo entiendo.
—Adiós.
Aguantó las lágrimas. Respiró.
Levantó la mano.
Un haz de luz.
Deslizó el dedo en el aire.
Y apretó.
Desapareció de su vida.

Ella despertó.
M83 – Intro

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