

Fuego azul
Eso era su mirada bajo el sombrero de paja.
Rabia liberada.
Empujó la verja al entrar. La madera crujió como si la reconociera.
Bajo su apariencia infantil, una sonrisa feroz.
Ellos la vieron.
Y desaparecieron.
Uno se hundió en el heno fresco.
Otro buscó la sombra del corral.
Dos treparon hasta la copa de la higuera.
El último no se movió.
Esperó paciente.
Sellaron un pacto de silencio.
Ella los conocía bien.
No eran dóciles.
Respiraban maldad.
Alimañas desagradecidas, con hambre antigua.
Agarró la vara.
Abrió el lazo.
Lo hizo silbar en el aire.
Corrió.
La criatura del corral abrió las fauces y lanzó un trino grave.
El heno se agitó.
Demasiado tarde.
La niña empujó la estructura de madera.
Cayó.
Crujió.
Lo atrapó.
El segundo graznido llegó desde la altura.
Los dos de la higuera saltaron.
Garras abiertas.
Tierra rota bajo sus patas.
Ella no frenó.
De una patada, hizo rodar el barril de la entrada.
Las bestias dudaron.
Un segundo.
Suficiente.
Entró.
La puerta se cerró de golpe sobre las garras que salían de la sombra.
Frente a ella, el último.
Cola en tensión.
Dientes alineados como cuchillas.
Un golpe seco contra el suelo.
Látigo.
Ella avanzó.
La criatura saltó.
La esquivó.
Pero la cola barrió sus piernas.
Cayó.
Rodó.
Se levantó ya en movimiento.
El lazo giró en el aire.
Esperó.
El grito llegó primero.
Una dentellada al aire.
Y el salto después.
Y entonces… nada.
Cuando volvió a levantarse, la alimaña ya estaba enredada.
Tiró del lazo.
Lo fijó al pilar.
Sonrió.
Mientras llenaba la mochila, a su espalda los graznidos se enredaban en furia inútil.
Un rato después entró por la puerta trasera de casa.
Dejó la mochila en la mesa.
Abrió el frigorífico.
—¿Alena? ¿Ya estás en casa?
—¡Sí, má! ¡Ya llegué!
—¿Me trajiste los huevos?
—¡Que sí! —respondió, poniendo los ojos en blanco.
—No te habrás estado peleando con los saurios otra vez, ¿no?
—No. —sonrió.
Y en sus ojos, el azul seguía ardiendo.

Todo vuelve… si sabes cómo llamarlo.
Sharron Kraus – The Fox’s Wedding

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