
La primavera fue un suspiro.
El verano intentó aferrarse a mi pecho y se desplomó convertido en grito.
El otoño llegó en viento:
suspiro frío, hojas cayendo,
nostalgia de tus dedos en los míos,
distancia de sal,
miedo al olvido.
Mi voz quiso hacerse canto,
y se quebró en el intento.
La tarde se hizo bruma
y ocultó la arena de la playa,
la que guardaba mis pasos
cuando aún recordaba tu mirada.
Me quedé con el sabor dulce del trayecto,
del adiós que se deshizo en tus labios
mientras caminaba hacia el puerto.
Y me quedé varado.
Entre humo y pasos de ciego
resistiendo en silencio.
Acaricio el muro que un día me rompió
y que ahora sostiene mi peso,
guiándome lejos,
hacia el murmullo tibio del riachuelo
que marca el ascenso
hasta el lugar secreto
donde ya se ve el invierno.
Beacon – Fault Lines

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