
De pronto, la sombra que habitaba bajo mi cama, susurró el suspiro de mi nombre, fue cuando caí en la cuenta de que amar no era materia exclusiva de la pasión humana.

De pronto, la sombra que habitaba bajo mi cama, susurró el suspiro de mi nombre, fue cuando caí en la cuenta de que amar no era materia exclusiva de la pasión humana.
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Como pedir para que te lo lleven a casa. Algunos son afortunados.
Todos tenemos uno, o dos, puede que más. Te lo asignan de pequeño y se olvida en primavera, pero siempre están. Tras la oscuridad, en silencio.
Gratos sueños.
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