La reina

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Ahí estaba.

Retozaba alegre entre las flores.

Después de tirarme y salir huyendo.

La muy malnacida.

Salté sobre ella sin pensarlo.

Caí sobre su cuerpo peludo.

Reaccionó.

Me agarré.

Salimos volando.

Arremetió contra los matorrales.

Viró con brusquedad.

Hizo una filigrana.

Y quedó suspendida en el vacío.

—Cálmate, chica.

Zumbó suave.

—¿Qué te pasa hoy?

Zumbó un poco más fuerte.

—Te entiendo.

Acaricié con atención su pelaje amarillo y negro.

Y le ordené:

—¡Vamos!

Salimos disparadas por el cielo.

Cruzamos las acacias.

Sorteamos los abedules.

Y allí estaba.

Colgado de un viejo abeto.

Monstruosamente voluminoso.

Miles de alas girando al unísono.

Fundidas en una única vibración.

—¿Las echas de menos?

Zumbó con fuerza.

—Pero tú ya no perteneces a ese sitio.

Zumbó levemente.

—Mira. Si hacemos bien el trabajo, tendremos tiempo libre.

Zumbó una interrogación.

—Sí. Podremos volver. Y podrás ver a tus amigas trabajar.

Zumbó entusiasmada.

—Venga.

Desplegó las alas y las hizo sonar con entusiasmo.

—Ahora hay trabajo.

Sobrevolamos la pradera.

Nos posamos sobre una enorme margarita.

Ella enterró su peluda cabeza en busca de néctar.

Yo, tumbada sobre un pétalo, me protegí la cara con el sombrero.

Una sombra.

Un suspiro silencioso.

Seis ojos.

Una sonrisa afilada.

Ocho patas tensándose.

El salto.

Un zumbido de espanto.

Un disparo certero.

El monstruo quedó destruido en el acto.

—¿Sabes, amiga?

Que tengan cuidado los bichos…

Aquí la reina soy yo.

La reina no lleva corona. Lleva sombrero.

Queen – Killer Queen


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