
Sonaban los últimos acordes cuando lo intenté.
Tímidamente.
Sin esperar acertar.
Ella se echó un poco hacia atrás.
Sonreí.
Me abrazó.
Me susurró al oído:
—Lástima, mon amour… Je ne suis pas disponible.
Seguimos bailando, aunque la canción ya había terminado.
—Ahora eres tú la que tiene novio.
—C’est notre chagrin. La última vez eras tú.
Le acaricié la mejilla con suavidad.
—¿Cómo nos vamos a seguir amando si siempre llegamos tarde?
Las luces comenzaron a encenderse cuando se separó de mí.
—C’est la vie.
Lo dijo sin soltarme la mano.
Yo ya me estaba marchando.
Ella seguía sujetándome.
La miré.
Me miró.
Prendió el aire que nos separaba.
Tiró de mí.
Fuerte.
Y me besó.
—C’est la vie.

Siempre llegamos tarde
Anemone – Brian Jonestown Massacre

Deja un comentario