
Qué extraño era el cielo.
Un resplandor azul acunaba las nubes y dejaba tras ellas una estela eléctrica.
Era difícil apartar la vista.
Me distraía caminando.
Hasta que el sueño me vencía.
Esta noche no era distinta.
Polvo en los caminos, un pueblo desierto y aquella mujer en el porche.
Mirando las estrellas.
Otra insomne.
Absorta, esta vez, en el cielo estival.
Quise pasar por delante.
Por el simple hecho de obligarme a saludar.
—Good evening.
—Buenas noches, vecino.
Me respondió, curiosamente, en perfecto castellano.
Con un regusto a Venezuela.
Quizá imaginado.
—Bonita noche, ¿verdad?
—Eres nuevo por acá, ¿no?
—¿Se nota mucho?
—¿Ah? No, qué va. Solo que veo que cuando llegas a este sitio terminas deambulando por las noches. Fíjate, yo llevo ya más de un año y todavía me desvela este resplandor.
—¡Guau! ¡Cuánto tiempo! Eres pionera aquí. ¿De la tercera expedición?
—De la segunda.
—Casi nada.
—No te creas que fue tan difícil. Tenemos medios. Máquinas, planos, conocimientos. Todo lo demás fue laborioso. Está el fantasma de haber abandonado tu hogar y que aquí todo es nuevo. ¿Has visto ya las medusas?
—No. ¿Qué son?
—Animalitos endémicos. Van flotando de un lado a otro, resplandeciendo con luz propia de muchos colores. En esta época salen en manada.
—¿No dan miedo?
—Qué va. Son inofensivas. Aquí no hay bichos peligrosos. Y los pocos que hay no se acercan.
—¿Algún tipo de escudo?
—Sí. Feromonas. No cruzan si existe determinado olor. No temas. ¿Y qué te parece a ti? ¿Cómo llevas el cambio?
—Uf… Me cuesta. Llevo tan solo unas semanas y estoy saturado. Duermo poco. Como lo justo.
—¿Todo te da miedo?
—No. Bueno, sí. No es pavor, es…
—No saber qué hacer.
—Sí. Algo así. No sé qué es normal. No sé qué es peligroso.
—Dentro de la zona colonizada no hay peligro. Fuera es otro cantar. Hemos hecho un buen trabajo.
—Sí, claro. Mérito tenéis.
—Tenemos. Ya eres parte de esto.
—¿Sabes? Con estos pueblos de madera, tanto desierto… lo que siento es que estoy viviendo en una de esas películas antiguas del oeste.
—¿De verdad?
—Sí. De las que sale Clint Eastwood.
—Pues espérate a que conozcas a los indios.

Ojalá esta noche el cielo me deje dormir.
Slowdive – Sugar for the Pill

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