
El recuperaba el aliento, ella contaba las estrellas imaginarias del techo. Después de la pasión llegó el silencio. La primera palabra es, a veces, la más difícil.
—Qué silencio más incómodo.
—¿Por qué es incómodo?
Él quedó maravillado. Una serie de trazos unidos por finas líneas cubrían gran parte del cuerpo de la mujer. Rectas y curvas libraban una batalla de tinta por dominar aquella piel tan blanca.
—No nos conocemos. ¿De qué vamos a hablar?
—No lo sé. Creo que tenemos cosas en común.
—¿Cómo lo sabes? No te he dicho ni mi nombre.
Se escuchó, en la pausa, el susurro de un suspiro.
—Es verdad. Pero, aun así, lo creo. Venimos de un concierto de alguien que no mueve por aquí a mucha gente. He visto cómo cantabas. Te sabías las letras.
—Bueno, sí. Coincidimos en la música. Ya no sabes más.
—Estás llena de tatuajes. Yo también tengo unos cuantos.
—Como todos los de la sala.
—Sí, sí, claro. Pero cada tatuaje es una historia. Verás, con este de aquí marqué un instante de mi vida. Tú llevas una historia escrita desde el hombro hasta el tobillo.
La mirada de ella recorrió el cuerpo desnudo del hombre. Él mostraba una serie de obras de arte perfectamente desordenadas, esperando trazos que las unieran en armonía.
—¿Todos significan algo?
—Sí.
—Pues, en mi caso, siento decirte que no.
Pero su mente, de pronto, se fue lejos.
Muy lejos.
Recordó agujas de grafías estigmáticas recorriéndole la piel entre cánticos.
Una hoguera iluminando su silueta.
Su cara envuelta en lluvia.
Sus pies descalzos en la arena.
Y sus rizos desordenados por el viento.
Poco más recordaba de aquel día.
Solo que sabía que estaba escrito en su piel.
El recuerdo se disipó con una sonrisa entre palabras.
—¿Ves? Algo hay. Se te ve en la cara.
Ella sonrió.
Con malicia.
—Es verdad.
En la mirada de él apareció una chispa de ilusión que pronto se quebró.
Ella susurró una extraña frase en una lengua muerta.
Él se vistió de repente, salió apresurado y se quedó mirando al cielo, ya en la calle, sin saber qué había pasado.
—Es mejor así…
Dijo con cierto alivio mientras lo veía alejarse por la puerta de su casa.

Lo que la piel recuerda, la oscuridad lo guarda
Twin Tribes – Fantasmas

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