El intruso

Published by

on

La luz se infiltró por la ventana. Fue un buen despertador. Le hizo bostezar y arrancar el día de un brinco.

El desayuno podía esperar.

Primero quiso comprobar que todo a su alrededor funcionara.

Buen nivel en el canal de riego.
Animales alimentados.

Recorrió con la mirada la valla norte.

Algo iba mal.

Entró en el establo, liberó a Lynx de su encierro nocturno y ambos galoparon hasta la anomalía.

—¡Joder!

Había un hueco de unos cinco metros y restos de vallas arrastrados. Plataneras arrancadas. Frutales tumbados.

¿Cómo no le había despertado aquel estruendo?

—¡Vamos, chico!

Azuzó a Lynx para rodear el platanar. Justo al llegar al canal, el felino erizó el lomo.

Al aproximarse, un gruñido gutural confirmó el nerviosismo de su compañero.

Desmontó y siguió avanzando a pie.

—Quédate aquí, amigo.

Las plataneras se mecían de forma extraña.

Entre el verdor de las largas hojas apareció un enorme cuerpo de lana rojiza.

—Pero… ¿qué haces aquí?

El mamut arrancó otra platanera con la trompa.

Ni siquiera se inmutó.

Normal.

Una mole de tres metros no se asusta fácilmente.

—¿No tendrías que estar en las colinas?

El mamut lo observó mientras masticaba.

—Aquí lo vas a pasar mal. Vamos, hala… fuera.

Empezó a hacer ruido para espantarlo.

El paquidermo ni pestañeó.

Corrió en busca de ayuda. Lynx seguía esperando donde se le ordenó. Montó sobre él y desaparecieron entre las plataneras.

Un bufido siseante hizo reaccionar al animal.

Jinete y montura aparecieron por detrás, obligándolo a huir por el mismo hueco por el que había entrado.

Cuando por fin consiguieron echarlo, regresaron a la granja en busca de un desayuno merecido.

El café supo a victoria.

Poco después volvió al lugar del incidente.

Frente al hueco estaba él.

Quieto.

Con esa mirada tierna de quien necesita compañía.

—Eh, bola de pelo, no pienso cuidar de ti.

El mamut agitó levemente la trompa.

—No lo voy a hacer.

Esos ojos enormes.

Suspiró.

Buscó un dispositivo en su muñeca y tecleó una orden.

Poco después, entre las nubes, apareció una plataforma de carga suspendida por drones de arrastre.

La guio con cuidado hasta aterrizar fuera de la cúpula térmica, donde todavía quedaba nieve.

—Bien, amigo.

Sonrió resignado.

—Ahí tienes tu nuevo hogar.

Hasta los colosos sienten frío.

Of Monsters and Men – Dirty Paws


Descubre más desde El descanso del Onironauta

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


, , , ,

Deja un comentario


Descubre más desde El descanso del Onironauta

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo