
Ramas de olivo mecidas al viento.
Esos son mis enredos.
Los que aparecieron esa noche al ver tu cara.
Con tu vestido de playa y tu verde mirada.
Velas sobre la mesa.
Luna llena en la ventana.
Una sonrisa, silencio, aroma de espuma rota
y un amor que era eterno
y desapareció una mañana.
Cuando el miedo se convirtió en dudas
y a las dudas les salieron alas.
Y apareces, claro,
después de la tormenta.
Haciendo temblar mi calma.
Vistiendo tu breve inocencia
del domingo de madrugada.
Tal vez no te han dicho nada.
Tal vez te lo dijo tu desdicha.
Pero mi enredo
ahora tiene otra vela.

El viento también recuerda
Bebe – Como Los Olivos

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